Los de Scariolo despiertan de su letargo inicial y acaban dominando a un Valencia Basket muy combativo
El partido arrancó con un guion que nadie en Madrid quería escribir. Durante los primeros diez minutos, el Real Madrid pareció un equipo desconocido, errático y falto de ideas en ataque. Mientras los locales fallaban cada lanzamiento exterior, el Valencia Basket de Pedro Martínez ejecutaba un plan perfecto: ataques cortos, transiciones rápidas y una lluvia de triples (7 de 12 en el primer cuarto) que congeló el pabellón. La ventaja taronja llegó a ser de hasta 17 puntos, dejando al Madrid con unos raquíticos 9 puntos en el casillero al final del primer acto.
Cuando el abismo parecía más profundo, apareció la mejor versión de los blancos. Tuvo que pasar un cuarto entero para que el Madrid anotara su primer triple, obra de Trey Lyles. Ese tiro no fue solo tres puntos; fue el despertador. Bajo la batuta defensiva de un inmenso Usman Garuba, el Madrid empezó a morder en su propio aro.
La remontada se cocinó a fuego lento, pero con la determinación de los veteranos. Sergio Llull asumió los galones, anotando 11 puntos casi consecutivos que redujeron la brecha a la mínima expresión. Lo que parecía una paliza histórica se convirtió, al llegar al descanso, en una tabla rasa: empate a 43 y un Valencia que veía cómo su renta de 17 puntos se había esfumado ante el empuje de Llull, Kramer y Garuba.
El huracán “SuperMario”
Si la primera parte fue la de la supervivencia, la segunda fue la de la exhibición. Mario Hezonja salió del vestuario en estado de gracia. Convertido en un martillo pilón, “SuperMario” lideró un tercer cuarto primoroso donde el Madrid anotó 33 puntos, rompiendo definitivamente el partido. El Valencia, que solo encontraba respuestas en las manos de Montero, se vio impotente ante un Madrid que corría y se gustaba.
El último cuarto fue el premio para una afición que pasó del susto al disfrute. Con una ventaja que se mantuvo estable y cómoda, el equipo blanco se dedicó a gestionar su renta mientras el Palacio disfrutaba y celebraba. El 94-79 final no solo fue un resultado, sino el testimonio de una reacción de campeón que mantiene al Real Madrid en lo más alto de la Liga Endesa.