El Madrid golea por 5 goles a 1 al Betis, en una tarde en la que el canterano metió su primer hat-trick con la camiseta blanca
En la víspera de la noche más mágica del año, el Bernabéu decidió no esperar a la cabalgata de sus majestades. La parroquia blanca asistió a una de esas tardes que se quedan grabadas en la memoria de la cantera de Valdebebas. No fue una victoria cualquiera, fue una oda al futuro firmada por el puño y letra de una nueva generación que reclama un sitio en el once de Xabi Alonso.
El entrenador tolosarra volvió a arriesgar en su once titular y esta vez la moneda cayó de su lado. Desde el pitido inicial, el planteamiento fue una declaración de intenciones con una presión bastante alta y transiciones rápidas a la contra por la banda de Vinicius contra el jovencísimo Ángel Ortiz, que desdibujaron al Betis desde el minuto uno. El entrenador blanco confió en la juventud, otorgando las llaves del ataque a Gonzalo, y la apuesta no pudo ser más ganadora. El Madrid dominó gran parte del partido, aunque los goles llegaron más por fallos defensivos en las marcas que por buen juego.
La tarde pudo empezar de forma muy distinta si el colegiado hubiera señalado un posible penalti sobre Vinícius en el minuto 6, tras una internada eléctrica del brasileño. Sin embargo, el Madrid no se descentró. Sabían que, con el orden impuesto por Xabi, el gol era cuestión de tiempo.
Ha nacido una estrella
La historia del partido empezó a escribirse en el minuto 20. Rodrygo Goes, actuando como si fuera un veterano curtido en mil batallas, lanzó una falta lateral con esa “música” que solo los buenos saben ponerle. El centro, un auténtico caramelo, encontró la frente de Gonzalo García. Ricardo Rodríguez perdió la marca y el canterano, con un salto potente, mandó el balón al fondo de la red para inaugurar lo que sería una tarde para el recuerdo.
Tras el descanso, con un Madrid que ya dominaba tanto en sensaciones como en marcador, llegó el momento cumbre. En el minuto 50, Fede Valverde levantó la cabeza y filtró un pase picadito, sutil pero perfecto. Gonzalo, en un alarde de técnica individual, controló el cuero con el pecho y, sin dejarlo caer, conectó una volea perfecta desde fuera del área que superó a Álvaro Valles. El Bernabéu se puso en pie. No era solo un gol, era la confirmación de que el cuarto Rey Mago había llegado a Madrid.
La fiesta no se detuvo. Solo cinco minutos más tarde, otro centro medido de Rodrygo en un saque de esquina fue aprovechado por Asencio, quien cabeceó libre de marca para poner el 3 a 0. El dato era muy revelador: todos los goles llevaban el sello de la cantera blanca.
El Betis, herido en su orgullo, quiso reaccionar y tuvo sus opciones de meterse en el partido. Lo Celso avisó con un disparo al palo en el 61 y, poco después, el Cucho aprovechó una mala coordinación defensiva tras un gran pase al hueco de Aitor Ruibal para recortar distancias.
Fueron los minutos de duda blanca, donde el Madrid se durmió y tuvo que aparecer la figura del de siempre, Thibaut Courtois. El belga, con hasta cinco paradas, sostuvo a los suyos y evitó que el Betis arruinara una tarde que hasta el momento parecía perfecta, especialmente tras un golpeo milimétrico de Roro que también se topó con la madera.
Pero el destino tenía guardado un último regalo para el Bernabéu. En el minuto 82, un pase a la espalda de la defensa bética le llegó al mago turco que controló, levantó la cabeza y puso un pase raso al corazón del área. Allí, Gonzalo, con el instinto de los grandes delanteros, firmó su primer hat-trick con un recurso técnico exquisito, un taconazo que desató la locura en todo el estadio. Goles de todos los colores, de cabeza, de volea y de tacón, goles de autentico crack.
Para cerrar el partido, Fran García se unió al festín en el descuento tras una nueva asistencia del incansable Valverde, poniendo el 5 a1 definitivo en el marcador. Una tarde redonda donde el Madrid de Xabi Alonso continua en la pelea por la liga y se mantienen a cuatro puntos del F.C Barcelona. En la capital española, los regalos de Reyes llegaron por adelantado y los trajeron los chicos de la casa, demostrando que el futuro no se ficha, se cultiva.