Los blancos aprueban en el terreno de juego con la victoria, pero suspenden ante su propia afición
La tarde en la Castellana comenzó envuelta en un aire de tensión y reproche. De nuevo en un partido en el Bernabéu el foco principal estaba sobre Vinícius Júnior; cada vez que el astro brasileño tocaba el balón, una marea de pitos bajaba desde varios puntos de la grada, recordándole que la afición aún no le había perdonado sus recientes desencuentros. Sin embargo, el fútbol, caprichoso y narrativo, le tenía reservado un papel protagonista en esta historia de redención.
Luces y Sombras para empezar
Tras unos minutos iniciales fríos y tímidos, el Real Madrid tomó el control total del juego alrededor del minuto 25. Fue entonces cuando Vinícius decidió responder a los silbidos con una obra de arte; recibió en la banda izquierda, desquició a la defensa vallecana con sus recortes y soltó un latigazo imparable a la escuadra de Batalla. En un gesto cargado de significado, se besó el escudo hasta en dos ocasiones, buscando desesperadamente el amor de su gente, de aquellos que una vez lo aplaudieron.
Pero la alegría no fue completa en la primera mitad. El Madrid sufrió un duro golpe. Jude Bellingham, en una carrera, se tiró al suelo tras sentir un pinchazo en el femoral. Además, los blancos perdonaron el segundo gol cuando Brahim, en un exceso de generosidad, prefirió pasarle el balón a un Mbappé que no llegó a la cita, y a veces los errores se pagan.
El Rayo Responde y el Madrid se Desespera
El descanso no sentó bien a los chicos de Arbeloa. Nada más reanudarse el encuentro, el Rayo Vallecano dio un golpe sobre la mesa; una prolongación de Álvaro García permitió a De Frutos adelantarse a Tchouameni para batir a Courtois y poner el 1-1 en el marcador. El silencio del Bernabéu se transformó de nuevo en silbidos de enfado.
El partido se convirtió entonces en un intercambio de golpes digno de un guion de suspenso; primero fue Ratiu que en sus botas tuvo el 1-2, tras recorrer medio campo solo, pero se estrelló contra el pie salvador de un Courtois gigante. Luego fue el turno del Madrid. Mbappé respondió de inmediato regateando a la perfección al portero, pero su disparo se estrelló en el larguero, dejando a los propios jugadores y la grada en un estado de absoluta incredulidad.
Épica sobre la hora
Con el partido entrando en su recta final, el Rayo comenzó a resistir con uñas y dientes, mientras el Madrid asediaba el área rival con más ganas que claridad. La expulsión de Pathé Ciss por una dura entrada sobre Ceballos dejó a los visitantes con diez quedando más de diez minutos por delante para aguantar el asedio. Camavinga rozó la gloria con un cabezazo al poste, mientras el Bernabéu se desesperaba con las pérdidas de tiempo de Batalla.
Cuando el empate parecía inevitable y solo quedaban cuatro minutos, el destino o la suerte se alió con los locales. En la última jugada del partido, el árbitro señaló un penalti buscado con insistencia por los blancos. Bajo una presión asfixiante, Kylian Mbappé se plantó ante Batalla, lo engañó con maestría y selló el 2-1 definitivo sobre la bocina.
El encuentro terminó con el Rayo desquiciado y con nueve jugadores tras la expulsión de Pep Chavarría, mientras el Real Madrid celebraba tres puntos sufridos en una tarde donde Vinícius empezó señalado y terminó liderando el camino hacia una victoria agónica.
Los blancos se mantienen a un punto del Barcelona y visitará un siempre difícil Mestalla en la siguiente jornada de Liga. Partido en el que no estará un siempre protagonista en estos partidos, como es Vini.